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El sueño de un chaqueño y una correntina, cumplido: unieron el fin del mundo con Alaska en auto

La pasión por viajar y el no estar completamente felices con la rutina llevaron a Darío Ayala y a Juliana Los Santos a emprender la aventura de sus vidas hasta ahora: unir los extremos del continente americano de sur a norte, desde Tierra del Fuego hasta Alaska, pero no en avión o con algún medio de transporte que les diera las comodidades de la vida diaria, sino que en su auto, un Volkswagen Polo.

El punto de partida fue Resistencia, Chaco, de donde Darío es oriundo y Juliana es de Corrientes. Oficialmente el viaje comenzó en Ushuaia el domingo 12 de febrero de 2017. Y después de un año y cuatro meses, de 45.000 kilómetros recorridos y de conocer 15 países lograron hacer realidad su sueño: llegaron a Alaska.

Darío tiene 39 años y es administrador de empresas, trabajaba en un supermercado mayorista, encargado de stock, y Juliana tiene 34 años y es hotelera, trabajaba para un hotel antes del viaje. A fines del 2016 “los dos renunciamos a nuestros trabajos, a nuestra comodidad, vendimos todas nuestras cosas, ahorramos durante un año y después partimos para concretar nuestro sueño”, contaron los viajeros a Diario TAG.

“La idea nació aproximadamente tres años antes del viaje, una vez tomada la decisión, nos informamos y planeamos la ruta durante un año entero y no le dijimos a nadie la noticia, hasta un mes antes de partir”, relataron.

Desde Ushuaia, Darío y Juliana recorrieron toda la ruta nacional N°40 hasta La Quiaca, un sueño para muchos viajeros argentinos debido a que es la ruta que atraviesa el país. “Conocimos los lugares más destacados del país, primero queríamos conocer Argentina. Somos una especie de embajadores de Argentina, entonces por eso primero nuestro país y después el resto. Conocimos la Patagonia, Puerto Madryn, Ushuaia, prácticamente todo Tierra del Fuego porque son tres ciudades porque son Tolhuin, Ushuaia y Río Grande. Después Bariloche, Villa La Angostura, Neuquén, San Martín de los Andes, San Juan, Mendoza, La Rioja, Catamarca y el norte argentino Salta y Jujuy”, detallaron.

Sobre los motivos que los llevaron a dejar la vida como la conocían y concretar esta aventura, señalaron que “nos gusta mucho viajar y conocer nuevas culturas. Antes de conocernos, cada uno por su lado, soñaba con viajar lejos o vivir en otro país pero la rutina del día a día, los estereotipos que te impone la sociedad, el consumismo y la idea errónea de que uno es lo que tiene, nos llevaron a que dejemos de lado nuestro sueño o aquello que anhelábamos con todo el corazón”.

Y esto fue así, “hasta que cada uno se dio cuenta que no era completamente feliz con lo que estaba haciendo y que no nos bastaban dos semanas al año para viajar, incluso ni los feriados podíamos escaparnos porque teníamos que trabajar. Vimos como vendíamos nuestro tiempo a cambio de tener cosas/objetos”.

“Al mismo tiempo, coincidió que conocimos las historias de otros viajeros que se aventuraban al mundo con lo que tenían, algunos con casas rodantes, otros en bicicleta, algunos solo con sus mochilas al hombro pero todos con el mismo ímpetu de salir a conocer el mundo o por lo menos, una gran parte de él”, precisaron Darío y Juliana.

“Nuestras experiencias de vida nos hicieron pensar que el momento para llevar a cabo nuestro sueño, era ese. Y así fue que logramos lo más difícil, dar el primer paso. Confiamos en nuestros conocimientos y creatividad para financiar el viaje. Teníamos lo que más necesitamos, salud y el apoyo mutuo entre nosotros”, expresaron.

Además, los viajeros contaron que “nuestros familiares al principio pensaban que estabamos re locos. Se pusieron tristes, tenían la incertidumbre de qué íbamos a hacer, por qué lo hacíamos, que era un peligro y todas esas cosas. Después con el tiempo ya se acostumbraron y ahora están súper orgullosos de todo lo que hicimos y de haber cumplido nuestro sueño de llegar a Alaska”.

“Sólo hemos recibido mucho aliento de todos nuestros seres queridos y conocidos. Todos son partes de este sueño. Todos viajan con nosotros y nos dan fuerzas para que podamos seguir. Sólo eso necesitamos, buena energía y difusión de nuestro viaje”, manifestaron.

Como objetivos de este viaje, detallaron que querían “tener contacto con la gente de cada ciudad donde paremos para luego plasmarlo en nuestra página de Facebook https://www.facebook.com/DeunPoloaotro/ a través de fotos y relatos. De esta manera, conocer y transmitir la realidad de cada lugar contada por sus propios habitantes y contagiar a otros las ganas de viajar”.

También, “demostrar que podemos conseguir lo que deseamos con todo el corazón y que no importan las circunstancias en las que hemos nacido, todo lo podemos transformar. Atesorar momentos y ayudar a los demás en todo lo que nos sea posible, creemos que esto es lo que da sentido a la vida”, resaltaron.

Con respecto a las personas que se cruzaron durante el viaje, Darío y Juliana destacaron que “la gente que nos recibió en sus casas sin conocernos en el recorrido de toda América es una de las anécdotas más grandes. Muchas familias nos abrieron las puertas de sus casas”.

Para lograr ésto, “primero hicimos una red de contactos por recomendaciones, también con moteros que tienen sus clubes de motos y reciben a viajeros. Uno de ellos nos contactó con uno de los bikers y a partir de ahí empezamos a armar una gran red en toda Latinoamérica, eso nos facilitó muchísimo. No hubiésemos llegado tan lejos si no hubiese sido por la buena onda de toda la gente”.

“Lo increíble, como anécdota, es que esta gente nos recibió como si fuese que nos conocieran de toda la vida. Éramos dos extraños ingresando en la casa de una familia, a un hogar y nos trataban como uno más. Hasta ahora nos seguimos sorprendiendo de todo eso”, manifestaron.

Darío y Juliana se llenaron de ilusiones y de conocimientos para comenzar esta aventura, en la que “no todos los días fueron color de rosas, en los que hubo discusiones, llanto, desesperación y momentos de querer volver, pero a pesar de todo ello no nos arrepentimos de nada porque los momentos que nos dejaron sin palabras o con los que no sabemos cómo expresar tanta emoción superan ampliamente a todas las dificultades que nos tocó vivir”.

“Es invaluable todo lo aprendido, los paisajes vistos y sobre todas las cosas, los amigos que hicimos en el camino, la gente que nos ayudó desinteresadamente. No hubiésemos llegado tan lejos sin la ayuda de todos ellos. No alcanzan las palabras para agradecer a la vida toda esta experiencia”, destacaron.

En este sentido, “para la gente que quiera viajar, que quiera emprender algo así, les podemos decir que no es fácil, es muy sacrificado, no es para cualquiera. Por supuesto que cuando tenés plata todo es mucho más fácil, pero el tema es cuando no tenés, ahí comienza lo sacrificado. Pero es una experiencia de la que no se van a arrepentir nunca. Se presentan muchísimos obstáculos, es difícil. Parece que la gente nos ve y cree que tenemos plata, que vivimos de vacaciones, pero en realidad no es así. Todo fue con mucho sacrificio, nosotros vendimos todas nuestras cosas”.

“Por el camino también tuvimos que trabajar. Yo trabajé de lo mío y Darío trabajó en un restaurant. Por más que hayamos ahorrado, la plata no alcanzaba. Cuando veíamos que se estaba por terminar, trabajábamos. No sabemos hacer manualidades, no sabemos vender, no tenemos esa habilidad, solamente trabajamos. Yo me presentaba en un hotel, les decía que tenía experiencia en hotelería, les mostraba mi currículum. La única forma de solventar, por lo menos para nosotros, era esa: trabajar de lo que sabemos. Sino amañarnos de alguna manera para poder continuar. Afortunadamente todo salió bien”, contaron.

Y continuaron: “Todo lo que transmitimos en nuestro blog son las cosas lindas del viaje, la gente, los paisajes y demás. Pero también transcurren cosas no malas pero que no salen en las fotos y que nos las guardamos para nosotros. Muchas veces la gente piensa que nosotros tenemos dinero, tenemos sponsors y nunca el viaje tuvo ese fin, siempre fue un desafío personal de ambos y querer conocer otras culturas, otras comidas, otras realidades, descubrir todo el tiempo otras perspectivas. Este viaje nos deja todo esto, aprender muchísimo de América, muchas realidades similares a las de nuestro país”.

“A toda esa gente que quiere viajar, decirles que hay que dejar la zona de confort y largarse porque la gente en toda Latinoamérica es muy solidaria, ayuda muchísimo al viajero de todas partes del mundo pero eso no sale comúnmente en las noticias. Eso es lo que nosotros también descubrimos, la gente es muy solidaria, ayuda en todo lo que pueda en el camino, si no es dándote un techo, es dándote algo de comida o recomendándote lugares, todo eso ayudó muchísimo en nuestro viaje”, precisaron los viajeros.

“Además de los sacrificios personales de vender las cosas, ahorrar y trabajar, también muchas veces en el camino nos tocó dormir en el auto, por ahí cosas de aseo personal también, nos tocó pasar dos o tres días sin bañarnos, hasta encontrar una ducha pública o alguien que nos albergue y nos diga ‘chicos, tienen una cama y una ducha’, eso fue la gloria para nosotros. Todo eso no está reflejado en nuestras redacciones pero es algo que podemos contar a manera de anécdotas y vivencias, es sacrificado pero valen muchísimo la pena”, relataron.

Así, Darío y Juliana destacaron que “no encontramos a ningún viajero que esté arrepentido y diga ‘salí, dejé todo y me fue mal’. Todos se llevan algo, ya sea viajando a un sólo país, a diez países. Lo importante no es la meta, sino el camino en sí, a quién te vas encontrando y qué vas descubriendo, eso es realmente lo que te nutre”.

“Queremos sumar más amigos y demostrar que una pareja común y corriente puede cumplir sus objetivos con sacrificio pero con mucha voluntad. Y no hace falta que sea un viaje, puede ser cualquier sueño, aquello que de solo pensarlo se les dibuja una sonrisa en el rostro y sienten mariposas en la panza, que sientan felicidad de sólo pensarlo”, insistieron.

Luego de tantos kilómetros recorridos, les llegó el momento que ningún viajero quiere que llegue: el regreso. “Ya estamos volviendo a Argentina. En este momento estamos en Estados Unidos, en Minesota, estamos bajando hacia Miami, allí vamos a meter nuestro auto en un contenedor y lo vamos a mandar para Sudamérica y nosotros volvemos en avión. La verdad que muchas ganas de volver no tenemos, nos gustaría seguir viajando. Pero ya dimos nuestra palabra de que íbamos a volver, más que nada por nuestra familia, vamos a volver a reencontrarnos con nuestros afectos y con los amigos. Después de compartir con ellos vamos a ver qué sigue”, contaron.

Sobre el futuro, Darío y Juliana dijeron que “después de esta experiencia, queremos seguir conociendo. Ya sentimos que el mundo es nuestro. Tenemos que regresar, planear bien el próximo viaje que ya no va a ser tan largo, de un año y medio como este, va a ser muchísimo más corto. Eso por el momento, después vamos a ver qué otras propuestas tenemos en Argentina que nos están esperando”.

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